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Haz clic aquí para editar. Hoy, puccia salentina, desde Chile con amor. Cuando vives en el extranjero, los sabores y aromas con los que creciste no son tan fáciles de encontrar, o incluso no existen, y entonces lo único que te queda por hacer es?... prepararlos con tus propias manos. Y así, estés donde estés, ese aroma delicioso te recordará que... la cocina italiana es realmente extraordinaria. Estoy convencida de que, para un italiano, la comida no es solo nutrirse: es cultura, tradición, emoción. Es ese hilo invisible que nos une a nuestra tierra, a nuestra familia, a los recuerdos más íntimos. Por eso, vivir en el extranjero puede convertirse en un verdadero desafío culinario. Al principio te adaptas, pruebas nuevos platos, exploras los sabores locales. Pero siempre llega esa nostalgia repentina: el deseo de una buena pasta hecha en casa, de una pizza auténtica, de una salsa deliciosa, del pan crujiente como el de la panadería del barrio. Y descubres que no todo se encuentra, que no todas las harinas son iguales, que la mozzarella no es mozzarella en todas partes, que la salsa en bolsitas no es salsa, y que el nescafé... no es café... Y es ahí cuando surge el deseo (a veces la necesidad) de cocinar tú mismo lo que echas de menos. Y es hermoso compartir todo lo que preparas con amigos de otros países, que aprenden a conocer Italia... esa Italia que se transmite a través de un plato cocinado con amor. Porque, puedo asegurarlo, para un italiano en el extranjero, cocinar es resistir, recordar, contarse. Es una forma de sentirse todavía un poco en casa, estés donde estés. La puccia salentina es un pan tradicional de la region de Apulia (sur de Italia) Es más que un simple pan, es la expresión de la historia, la cultura y la gastronomía del sur de Italia. Se prepara con harina de trigo y semola, agua y aceite, la combinación de estos ingredientes y la larga fermentación le dan esta textura, con una corteza crujiente y sin miga en su interior, que la hace ideal para ser rellenada con cualquier ingrediente. Es una receta realmente simple, facil de preparar Para 6-8 puccie 250 gr de sémola de grano duro (yo uso la Molisana, es muy facil de encontrar en todos los supermercados) 250 g de harina todo uso 300 ml de agua tibia 50 ml de aceite extra virgen de oliva 10 gr de levadura seca sal Amasar todos los ingredientes hasta obtener una masa lisa y homogénea y dejar levar hasta que duplique su volumen. Dividir la masa en 6-8 porciones formar bollos y dejar levar nuevamente hasta que dupliquen su volumen. Estirar las bolitas con las manos o con la ayuda de un rodillo (no deben quedar muy finas) Transferir le puccie a una bandeja de horno con papel mantequilla, cubrir con un mantel de cocina y dejar reposar 15 minutos. Hornear en horno precalentado a 220 °C durante unos 15 minutos deben inflarse bien. No queda que disfrutarlas !!!!
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Este año, para el Día de la Madre, un clásico... la Torta de las Rosas. El origen de este delicioso postre se remonta al Renacimiento: fue creado en 1490 por el cocinero Cristoforo di Messisbugo con ocasión del matrimonio entre Isabella d’Este y Francesco II Gonzaga, como homenaje a la belleza de la joven novia, su forma recuerda a un ramo de rosas. Por eso es habitual prepararla para el Día de la Madre… une el simbolismo floral con la dulzura y representa un gesto de cariño y gratitud hacia las madres. Una brioche trenzada como los lazos más profundos, justo como el que une a una madre con su hijo, sencilla y delicada como el amor de una madre. Mientras amasaba, pensaba en todo lo que una madre es capaz de transmitir, en la huella que deja dentro de nosotros incluso cuando no somos conscientes de ello, y de la que solo nos damos cuenta más tarde. Lo que une a una madre con sus hijos va más allá de la simple complicidad. Acompañarnos para crecer no es un “trabajo fácil”. Vivir lejos te enseña a valorar los detalles, a agradecer cada instante compartido, a valorar cada cosa que hizo por ti, a no dar por sentada su presencia, a tener paciencia, a aceptarla tal y como es, con todos sus matices. Esta torta brioche se lo dedico a mi mamá, que está lejos, pero que siento siempre cerca. A ella, que me hizo el regalo más grande... darme la vida, que me enseñó el amor con el silencio y con su presencia constante, a su fuerza, a su valentia. Pero también es para todas esas madres que están lejos, y para todos esos hijos que, como yo, han aprendido que el amor verdadero no necesita de una presencia constante para existir: se alimenta de la memoria, de la gratitud, de pequeños gestos. Yo tengo grabados en mi mente cada sonrisa, cada mirada, el sonido de su voz, sus besos, los abrazos, conservo cada recuerdo, cada momento que vale la pena. Ciertos aromas, "il sugo" de los domingos, la lasaña de los días de fiesta, el olor del pan recién horneado, el aroma delicioso de esos dulces que solo las mamás saben hacer. Los guardo con cuidado como si fueran un tesoro. Lo que queda en el corazón nadie puede borrarlo. La dedico a todas las madres que, con su manera única de ser, nos dejan dentro algo que nunca se irá… el amor... presente en cada momento de nuestra vida, y mientras más lo necesites, más fuerte e intenso será ese amor. […Un día sus abrazos y sus palabras te harán falta más que cualquier otra cosa. No des por sentada su presencia, sé amable con ella siempre, hazle sentir lo importante que es para ti: tu amor es el regalo más hermoso que puedes hacerle…]. Tradicionalmente se prepara con una masa brioche suave enriquecida con un relleno de mantequilla y azúcar aunque existen variantes con cremas o mermeladas Su preparación requiere tiempo y paciencia pero realmente vale la pena el resultado final es un dulce esponjoso y muy aromático que conquista a todos tanto por su sabor como por su apariencia
Ingredientes 500 g de harina de fuerza, manitoba (yo uso la harina Caputo) 250 ml de leche 20 g de levadura fresca 80 g de azúcar 1 huevo una pizca de sal 60 g de mantequilla blanda ralladura de un limón y una naranja 1 cucharadita de miel Para el relleno 100 g de mantequilla muy blanda y 100 g de azúcar mezclados juntos Preparación Disolver la levadura en la leche y verterla sobre la harina añadir el azúcar el huevo y una pizca de sal y comenzar a amasar Mezclar las ralladuras de limón y naranja con la miel y añadirlas a la masa Cuando la masa comience a formarse incorporar la mantequilla en trocitos poco a poco cuando se despegue de las paredes de la amasadora estará lista se necesitarán al menos 15 minutos si la haces a mano necesitarás un poco más de tiempo para que tome consistencia Dejar levar cubierta con film hasta que doble su volumen alrededor de 2 horas y media Una vez levada estirar la masa en forma de rectángulo untar con la crema de mantequilla y azúcar y enrollar por el lado más largo Cortar en porciones iguales a mí me salieron 12 y colocarlas en un molde de 26 cm con papel de hornear Dejar reposar unos 20 minutos Hornear en horno precalentado a 180 grados durante unos 40 minutos ¿La cocina es una ciencia o una filosofía? Esta pregunta puede parecer sencilla, casi retórica. Pero para quienes, como yo, viven la cocina como una herramienta terapéutica, encierra una verdad mucho más profunda. Cocinar nunca es solo “seguir una receta”. Es algo que se mueve entre la precisión y la intuición, entre la química y el corazón, entre el rigor y la creatividad. Indudablemente, la cocina es una ciencia. Cada ingrediente tiene una estructura, cada cocción una reacción, cada receta un equilibrio que debe respetarse. Basta muy poco para arruinar una preparación, sobrecocer una crema, alterar una emulsión, quemar un pan, fermentar demasiado una masa, En este sentido, las cantidades, las temperaturas, los tiempos, las proporciones, son fundamentales. Una disciplina hecha de rigor y conocimiento. Y es precisamente en esta dimensión científica donde muchos pueden encontrar seguridad. Seguir una receta con atención nos da una sensación de control, una cierta estructura. Para quienes viven estados emocionales complejos, ansiedad o desorganización interior, esta característica puede ser extremadamente terapéutica y tranquilizadora: saber qué hacer, cómo hacerlo, cuánto tiempo llevará... es una forma de estabilidad. Pero la cocina también es una forma de pensar, es una forma de ver, es un lenguaje; es cultura, historia, identidad, creatividad. Los ingredientes que elegimos, el tiempo que dedicamos a la preparación de un plato, con quién lo compartimos. Cocinar es escucha, es presencia, es un acto de amor. Cuando cocinamos para alguien, no estamos solo alimentando su cuerpo, les estamos diciendo: “te veo”, “cuido de ti”, “te quiero”. Incluso cuando cocinamos para nosotros mismos, si lo hacemos con conciencia, podemos transformar ese gesto cotidiano en un momento de reconexión, con nosotros mismos y con nuestra historia. Una cocina que cura En la cocina terapéutica, estos dos aspectos se encuentran. Por un lado, la ciencia nos ayuda a crear, por el otro, la filosofía nos ayuda a sentir. Es ahí donde ocurre la transformación. Cocinar nos ayuda a reunir los pedazos, a recuperar un sentido. Es un medio para escuchar, para sentir, para transformar lo que sentimos, lo que vivimos, para crear. Entonces, ¿la cocina es ciencia o filosofía? Es, seguramente, ambas cosas, la prueba está en el hecho de que podemos repetir la misma receta una y otra vez y aun así el resultado nunca va a ser el mismo. Nuestro estado de ánimo tambien influye en lo que preparamos: habrán veces en que el resultado será excelente y otras en que no nos satisfará del todo pero, una vez terminado el proceso, siempre quedará una increíble sensación de tranquilidad y gratificación. Porque no intentarlo entonces.... La receta de hoy tiene mucho de ciencia e de creatividad tambien: es el babka, un pan de chocolate judio, trenzado, una masa de brioche enriquecida con un relleno de chocolate y finalizado con un jarabe que hace que sea increiblemente jugoso. Para prepararlo necesitarán: Para la masa: 550 gr di farina 80 gr de azucar 180 gr de agua tibia 10 gr de levadura instantanea 2 huevos grandes 1 pizca de sal 150 gr de mantequilla a temperatura ambiente Para el relleno: 150 gr de chocolate amargo 120 gr de mantequilla 100 gr de azucar glas 40 gr de cacao en polvo 1 pizca de sal Derretir el chocolate con la mantequilla, añadir el cacao, el azucar con la pizca de sal y mezclar. Para el jarabe: 80 ml de agua 80 ml de azucar Preparacion: Desolver la levadura en el agua y dejar reposar unos 10 minutos, hasta que se active. Verter la harina con el azúcar en la batidora, añadir la levadura con el agua, los huevos, uno a la vez, y seguir mezclando, cuando se forma la masa añadir la mantequilla de a poco y seguir amasando hasta obtener una masa omogenea y elastica, (con la batidora se demoraran alrededor de 15-20 minutos) Ponerla en una fuente engrasada cubierta con papel film o en un contenedor con tapa hermética (como este) y dejarla leudar en el refrigerador toda la noche. Al dia siguiente sacar la masa del refri, estirar en una superficie ligeramente enharinada, en forma de rectangulo, cubrir con la pasta de chocolate, dejando un borde de un cm a los lados para que la masa pueda pegarse. Enrollar por el lado mas largo y trenzar. Como trenzar: con ayuda de un cuchillo afilado cortar el rollo por la mitad, a lo largo, obteniendo dos tiras largas, el lado cortado debe quedar hacia arriba, cruzar formando una X y trenzar manteniendo siempre hacia arriba el corte de las capas. Ahora que el babka está formado colocalo en un molde rectangular enmantequillado o forrado con papel mantequilla, cubrelo con un paño humedo y deja reposar hasta que duplique su tamaño. Hornear en horno precalentado a 170C por unos 50 minutos aprox. tenendo mucho cuidado que la superficie no se queme. Si notan que la superficie cambia de color muy rapido cubrir con papel aluminio. Al retirarlo del horno pincelar con el jarabe previamente preparado y dejarlo enfriar El proceso de amasado lo pueden hacer manualmente pero se van a demorar mucho mas, un consejo... si la masa es muy pegajosa le aconsejo dejarla reposar unos 15 minutos cubierta con una fuente, al momento de retomarla será mas facil seguir amasando, hasta que no se pegue a los dedos.
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