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Si hay algo que me gusta mucho, especialmente desde que empezamos a viajar por el mundo, es recrear en nuestra cocina platos y sabores de países lejanos, ya sea que los hayamos visitado o solo soñado. Conocer la historia de un país pasa también por su cultura culinaria, y siempre me sorprende cómo los mismos ingredientes pueden dar lugar a platos con sabores tan diferentes.
Hoy preparamos naan… creo que ya casi nadie se resiste a prepararlo en casa, es rico y ademas, es realmente sencillo de hacer. Es conocido como pan indio, pero en realidad es originario de Asia Central y Meridional, y tradicionalmente se consume también en países como Pakistán, Afganistán e Irán. En el siglo XVI era considerado una delicia reservada para la nobleza, ya que requería el horno tandoor para ser cocinado. Pero, hoy sabemos que se puede preparar un excelente naan incluso con una buena sartén antiadherente. Nosotros lo hacemos a menudo porque es delicioso para acompañar platos especiados y con ricas salsas. Los ingredientes base son harina, yogur y levadura, aunque puede enriquecerse con ajo, especias, queso... Yo, la verdad, prefiero el tradicional y el de queso, pero en algunos países lo preparan incluso con frutos secos y coco. Si lo han probado, cuéntenme si les ha gustado, ¡así quizás lo pruebo yo también. Para prepararlo necesitarán: 500 g de harina 200 g de yogur natural 120-150 ml de agua 20 g de levadura fresca Sal 1 cucharadita de miel Para pincelar pueden mezclar aceite ajo picado y perejil En un bol grande, coloca la harina y la sal. Agrega el yogur y la levadura disuelta en el agua y amasa hasta obtener una masa lisa y homogénea. Después de preparar la masa, déjala reposar hasta que duplique su volumen. Divídela en 8-10 bolitas y déjalas reposar durante 20-30 minutos. Estíralas con un rodillo sobre una superficie enharinada. Te recomiendo dejar reposar los discos unos minutos antes de cocinarlos, se inflarán con más facilidad. Calienta muy bien una sartén antiadherente y cocina cada pan durante 2-3 minutos por cada lado. Pincelarlos con aceite mientras aún están calientes ayudará a que se mantengan suaves por más tiempo. Puedes congelar los naan ya cocidos, solo hará falta calentarlos en una sartén o en el horno en el momento de usarlos.
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Durante las terapias, la comida y la cocina representan, a veces, un medio terapéutico que va más allá de las palabras, pero la preparación de la comida a menudo es acompañada de reflexiones que surgen de forma espontánea y evocan aspectos emocionales de cada uno de nosotros. Y así, mientras preparábamos esta deliciosa brioche con mermelada, nos encontramos reflexionando sobre la percepción que cada uno tiene de la realidad que lo rodea... Nuestro cerebro no percibe el mundo como realmente es, cada pensamiento, cada emoción, cada recuerdo que guardamos, así como las experiencias que hemos vivido moldean nuestra manera de interpretar la realidad. Esto significa que lo que vemos no siempre corresponde a la realidad sino que a lo que nuestra mente construye. Y si cambiamos el foco? Si intentamos cambiar nuestra interpretación quizás logramos cambiar también la realidad… A menudo vivimos en modo automático: reaccionamos ante una crítica, ante un malentendido, ante un fracaso. Sentimos frustración, ira, desánimo. Y aunque estas emociones son completamente humanas, pueden convertirse en cárceles mentales si las dejamos crecer sin cuestionarlas. Pero… ¿y si en vez de reaccionar, observamos y reinterpretamos? Nuestro cerebro es poderoso, pero también tiene atajos. Tiende a confirmar lo que ya cree, a evitar lo que duele, a repetir patrones conocidos. Sin embargo, podemos enseñarle a ver las cosas desde otra perspectiva. No se trata de pensar en positivo a toda costa, sino de asumir una actitud activa frente a la vida. Cuando entendemos que nuestra mente no refleja simplemente lo que ocurre, sino que lo interpreta, podemos empezar a cuestionar esas interpretaciones. Ver una caída no como el final. Ver una pérdida no como un vacío, sino como un espacio que puede llenarse de algo nuevo. No se trata de fingir que todo está bien, ni de minimizar lo que nos pasa, solo reconocer que si cambiamos, incluso ligeramente, la lectura de lo que nos ocurre podemos desarrollar nuevas formas de actuar, de relacionarnos, de sanar Por ejemplo, alguien que interpreta los errores como fracasos evitará tomar riesgos y avanzar. En cambio, quien los ve como parte natural del aprendizaje se permitirá avanzar sin el peso de la perfección. La diferencia entre ambos no está en los hechos, sino en la interpretación. Esto, claramente, no se logra de un día para otro, requiere práctica, conciencia, y aceptar la idea que no siempre vamos a tener respuestas inmediatas, y está bien. Lo que nos sucede no siempre depende de nosotros. Pero cómo lo interpretamos, sí. Y esa interpretación es la que guía nuestras decisiones, nuestras relaciones, nuestra manera de vivir. La próxima vez que algo no salga como esperabas, detente un momento, respira, y en vez de decir "¿por qué me pasa esto?", pregúntate: ¿Qué puedo aprender de esto? Tal vez la respuesta no llegue de inmediato, pero con esa pregunta empieza el cambio. Porque cuando cambias tu interpretación, poco a poco, también cambia tu realidad. No siempre podemos cambiar las circunstancias, pero si podemos cambiar la forma en que las vivimos. La próxima vez que sientas que todo anda mal recuerda… lo que ves no es toda la realidad… es tu interpretación de ella y tienes el poder de cambiarla. Para la masa
250 g de harina 125 ml de leche tibia 40 g de azúcar 1 huevo 50 g de mantequilla blanda 7 g de levadura seca 1 pizca de sal Para el relleno Mermelada de duraznos o si sigues la receta original 200 g de arándanos frescos 45 g de azúcar Jugo y ralladura de un limón pequeño 1 yema de huevo y una cucharada de leche para pincelar la superficie En un bol mezcla la harina la levadura y un poco de la leche deja reposar 10 minutos. Agrega el azúcar el huevo el resto de la leche y la sal y comienza a amasar. Por último incorpora la mantequilla y sigue amasando hasta obtener una masa suave y lisa. Cubre y deja reposar hasta que duplique su tamaño. Estira la masa sobre una superficie ligeramente enharinada formando un rectángulo Cubre con la mermelada enrolla y forma una trenza Colócala en un molde para pan (aqui puedes encontrar si necesitas comprar, de tamaño y material que mas te gustan) cubierto con papel mantequilla y deja reposar nuevamente por unos 20 minutos. Pincela con la yema batida con leche y hornea en horno precalentado a 170 grados durante 20 a 30 minutos. En un día tan nublado, no hay nada más reconfortante que el aroma de pan recién horneado llenando la casa. Ese olor que abraza, que te hace sentir en casa. Hacer pan es más que seguir una receta, es conectar con los sentidos, y descubrir que, a veces, lo simple es todo lo que necesitamos.
Harina, agua, levadura… y un poco de paciencia. Nada más. Nada menos. No podrán decirle que no a una rebanada de pan calentito, crujiente por fuera y tierno por dentro, con una rica mantequilla. ¿Tú también amas hacer pan? Cuéntame si te animas a prepararla. Ingredientes: 300g harina 000 300g harina multicereales 1 cucharada de sal 1 cda de miel 400ml agua a temperatura ambiente 2 cdas de aceite de oliva 20g de levadura fresca. Dentro de un bowl mezclar todos los ingredientes hasta que estén bien integrados, tapar y dejar descansar 30 min. (No es necesario amasar) Luego del reposo le dan unos pliegues a la masa cada 30 minutos por dos veces mas. Después de los 3 pliegues tapan la masa y la dejan leudar hasta que duplique su volumen.. Cuando la masa está lista la estiran en un rectángulo y enrollan desgacificando (como si fuera un brazo de reina). Una vez que tienen el pancito listo lo ponen en un molde aceitado (yo usé uno de 25×12, aqui pueden encontrar varios) presionan ligeramente, (si gusta pueden humedecer la superficie y cubrir con semillas) tapan con papel film y dejan reposar hasta que llegue al borde del molde. Para la cocción hornear en horno precalentado a 200°C por unos 20 min, bajan la temperatura a 170°C y siguen cocinando unos 30 min más, tenendo cuidado de no quemar la superficie. Es buenisimo y queda suave por varios dias Ustedes saben que cada color tiene un significado? Si elegimos un color en lugar de otro significa que nos sentimos de una manera y no de otra: rojo: impulsivo, enérgico y audaz, el color de la pasión y la sensualidad. Si eligen el azul necesitan paz y tranquilidad. Si te sientes frágil e inseguro tu color es el viola y no te preocupes si hoy ves todo negro, porque mañana puede ser que tu color será naranja : radiante y solar. Tenaz y perseverante con el verde ... Asi es... cada color tiene una carga simbólica muy potente, así me quedé pensando que quizás el color para este delicioso pastel de zanahoria que preparé para celebrar la Pascua podía ser el verde que está lleno de significado emocional. El verde… que se asocia con la calma, la esperanza, el equilibrio y la renovación. Es el color de la naturaleza, de lo que crece, de lo que florece después del invierno. Invita a respirar profundo, a volver al centro, a confiar en los ciclos de la vida, parece perfecto para la Pascua de resurrecion y que bien representa mi amiga que justo está de cumpleaños en estos días. Una persona “verde” suele ser alguien que transmite serenidad, que no busca destacar con ruido sino con presencia. Es esa amiga que sabe escuchar, que no juzga, que te acompaña cuando más lo necesitas. Es equilibrio, es conexión con lo esencial. Tiene una energía estable, protectora, y al mismo tiempo sabe renovarse y adaptarse.
¿Tienes a alguien así en tu vida? O quizás...eres tú esa persona para otros? Con este colorido y delizioso pastel les deseo Feliz Pascua a todos, de corazón. Que esta Pascua traiga consigo el regalo del renacimiento, y con él la esperanza de que, incluso en los momentos más difíciles, la vida pueda sorprendernos y ofrecernos nuevos caminos, nuevas alegrías, nuevos comienzos. Ese es el sentido más profundo de la Resurrección: la posibilidad, siempre viva, de volver a empezar. ¡Que vuestra mesa esté llena de calidez y vuestros corazones de gratitud! Y por supuesto que les dejo la receta para preparar el pastel de zanahoria, nada mas facil: Ingredientes: 3 zanahorias grandes (aproximadamente 300 g) lavadas y ralladas 3 huevos 1 taza de azúcar 1 2/3 taza de harina una pizca de sal 2 cucharaditas de polvo de hornear 1/2 cucharadita de bicarbonato de sodio jugo de limón 2 cucharadas 2 cucharadas de extracto de vainilla 1 cucharada de canela) 1/2 taza de aceite vegetal Enmantequillar y enharinar un molde de 20-22 cm de diámetro. Para este pastel yo molí las zanahoria en una procesadora con el aceite de oliva. En una fuente batí los huevos con el azúcar, añadí la zanahorias, la harina, una pizca de sal, el polvo de hornear, el bicarbonato de sodio, y el jugo de limón, y la canela. Verter en el molde la mezcla. Hornear en horno precalentado a 180 ° C durante unos 35-40 minutos, por supuesto, antes de sacarlo del horno siempre hacer la prueba con un palillo, porque cada uno conoce su horno. Para el frosting de queso: 120 g de mantequillla pomada 2 confeciones de queso crema tipo philadelphia 1 1/2 taza de azucar glass 4 cucharadas de esencia de vainilla batir la mantequilla con el queso, añadir el azucar y la vainilla, seguir batiendo hasta obtener un composto cremoso. Cortar la torta en capa, rellenar con el frosting y decorar a gusto! Se cuenta que la hermosa Parténope, la sirena que vivía en las aguas de Posillipo, cada primavera emergía del mar y con cantos de amor deleitaba a la gente del golfo. Un día, su voz fue tan melodiosa y dulce que los habitantes quedaron fascinados, y para agradecerle le ofrecieron los dones más preciosos que tenían. Parténope depositó aquellas ofrendas a los pies de los dioses, y ellos crearon un dulce que superaba en dulzura incluso al canto de la sirena: la Pastiera. Un postre que nunca falta en las mesas de Pascua, un abrazo de historia, mito y dulzura. Una verdadera delicia. La versión más conocida de este manjar es, sin duda, la de Napoli, pero si lo pensamos bien, no existe una receta “original”… ¡todas lo son! Porque es una receta familiar que se transmite de generación en generación, y cada familia tiene su manera única de prepararla. Yo la aprendí de mi suegra, y para mí es la pastiera más rica del mundo. Si entraran en su cocina en estos días, sentirían el aroma embriagador del agua de azahar, el olor de los dulces recién horneados y verían ollas llenas de trigo y ricotta. Los moldes para hornear siempre son los mismos, y la preparación está hecha de muchos pequeños rituales. Por tradición, se prepara algunos días antes de Pascua, normalmente el Jueves Santo, para que los sabores de todos los ingredientes se mezclen perfectamente. Yo no lo sé si realmente ha sido la bella Parténope, con el ayuda de los dioses, quien inventó esta delicia… pero es bonito creer que detrás de cada dulce, siempre hay una historia hermosa que contar. Yo le dejo la receta a ver si se animan a prepararla... Para la masa (pasta frolla)
200 g de azúcar 4 huevos 650-700 g de harina 250 g de mantequilla a temperatura ambiente ralladura de un limón Se prepara mezclando todos los ingredientes hasta obtener una masa homogénea forma una bola y déjala reposar envuelta en papel film. Para el relleno 500 g de trigo (mote) precocido 400 ml de leche aproximadamente 50 g de mantequilla 500 g de ricotta 150 g de azúcar 5 huevos 100 g de fruta confitada cascara de un limón y de una naranja En una cacerola se pone el trigo junto con la leche la mantequilla y las cascaras, se cocina a fuego lento revolviendo con frecuencia hasta que la mezcla se vuelva cremosa y se deja enfriar completamente. Una vez fría se agregan los huevos y el azúcar y se mezcla bien. Luego se incorpora la ricotta y la fruta confitada y se trabaja todo hasta obtener una mezcla suave y homogénea. (Si quieres darle un toque especial puedes agregar unas gotitas de aroma que se ocupa para el pan de pascua) Si no te gusta la textura del trigo puedes triturarlo ligeramente después de cocido Dividir la masa en dos partes, una un poco mas grande que la otra, estirar una parte hasta obtener un disco de medio centímetro de grosor, no mas. Se forra un molde previamente engrasado de unos 28-30 cm de diámetro se recorta el exceso de masa, con la otra parte se hacen tiras para decorar. Se vierte el relleno y se decora con las tiras formando una rejilla. Se hornea en horno precalentado a 160- 170 C durante aproximadamente una hora (depende del horno) Se deja enfriar en el molde y luego se sirve espolvoreada con azúcar glass Y a disfrutar !!!! En estos días de fiesta, la mesa no se llena solo de comida, sino de historias, de gestos de amor, de tradiciones que pasan por generaciones. La cocina es mucho más que un lugar donde se preparan platos: es un punto de encuentro, un refugio del alma, un mundo donde la cultura y la tradición se mezclan con los afectos, los sabores, los aromas únicos e inconfundibles de nuestra tierra. Pienso en mi madre, que a pesar de su edad y sus problema de salud en los días de fiesta siempre preparava con una dedicación que conmueve, podía estár horas observandola, O en mi suegra, que en las ocasiones especiales siempre logra transformar ingredientes simples en platos exquisitos, y no se imaginan la candida de cosas que es capaz de preparar. En cada plato hay un pedacito de ellas, de su amor. Son sabores que jamás podrás encontrar en un restaurante estrellado. Son recuerdos vivos que calientan el corazón sin importar en qué lugar del mundo te encuentres. Y tal vez ese sea el verdadero significado… no se trata solo de comer, sino de disfrutar esos momentos, desde la preparación hasta compartirlos con las personas que amamos. Es algo gratificante y bello, se crean vínculos y deja recuerdos que difícilmente se olvidan, y que vuelven a la mente cada vez que sentimos ese aroma o probamos ese mismo plato. Los almuerzos de los dias de fiesta, especialmente en el sur de Italia, son inolvidables. Y no por la gran cantidad de comida que todos creen que se prepara, sino por lo que representan: estar juntos, compartir, la alegría, los preparativos en un ambiente lleno de amor y felicidad. Ahora que vivo lejos, preparo esos platos y compartimos fotos de los preparativos con familiares y amigos, y es un poco como acortar la distancia. Tal vez, ahora que vivo al otro lado del mundo, valoro aún más esas tradiciones y esos platos, y así también este año no podía faltar la cuddura en nuestra mesa. Es un pan trenzado con canela que se prepara para acompañar queso y salame el dia de la Pascuetta... Y que es la Pascuetta? En Lunes de Pascua... un dia muy querido por los italianos (¡después de la Pascua, claro! ) En Italia, el lunes después de Pascua no es un simple día… ¡es Pasquetta! Un dia feriado, un momento especial lleno de sonrisas, comidas al aire libre y mesas improvisadas bajo el cielo de la primavera. Es el día perfecto para una excursión al campo, una parrillada en familia o un picnic con amigos repleto de delicias típicas, cada región tiene su propia tradición culinaria. En Italia hay un dicho… "Natale con i tuoi Pascua con chi vuoi... ("Navidad con los tuyos, Pascua con quien quieras)… ¡y Pasquetta aún mejor!" Es una festividad pública desde 1947, cuando el gobierno decidió extender de un día las celebraciones de Navidad y Pascua, estableciendo que los días posteriores a ambas festividades (San Esteban y el Lunes del Ángel) no se tenia que trabajar. Es un momento de encuentro después de las celebraciones religiosas, Es el primer verdadero respiro de primavera y la excusa perfecta para salir de casa y conectar con la naturaleza, es alegria, Y, por supuesto, cada año las redes sociales se llenan de fotos de Pasquetta: manteles coloridos, cestas de picnic, atardeceres entre risas e copas de vino… Porque sí, la felicidad todavía tiene su lugar en las cosas sencillas. Y a ti te gustaria celebrar la Pascuetta? Ingredientes
1 kg de harina 1 cubito de levadura fresca 250 ml de agua tibia (si la masa queda muy dura, se puede agregar un poco más) 3 huevos para la masa + 2 para colocar sobre la corona 130/150 g de azúcar 100 ml de aceite extra virgen de oliva Canela al gusto 1 huevo para pincelar la superficie Disolver la levadura en el agua tibia. Batir los huevos con el aceite, la canela y el azúcar. Disponer la harina en forma de volcán y añadir los ingredientes anteriores. Amasar bien hasta obtener una masa lisa y homogénea. Para formar la corona: hacer unas tiras de masa del mismo largo y entrelazarlos. Formar la corona y cerrar los extremos. Colocar los 2 huevos encima. Estirar otras dos tiras de masa: uno se enrolla alrededor de la corona, el otro se entrelaza entre un huevo y otro. Enharinar dos moldes y colocar las cudduras a leudar hasta doblar su tamaño Una vez listas, pincelar la superficie con el huevo batido y hornear en horno precalentado a 180 °C durante unos 30 minutos. Una verdadera delicia hermosa a la vista y deliciosa al paladar, ¡perfecta para acompañar tanto lo dulce como lo salado! A veces nos encontramos atrapados en situaciones complejas, envueltos en una red de pensamientos, emociones y responsabilidades que parecen asfixiarnos. Emocionalmente incapaces de encontrar una salida. Pero la verdad es que, muchas veces, somos nosotros mismos quienes complicamos lo que podría ser más simple. Simplificar la vida no significa huir ni evitar los problemas, sino aprender a distinguir lo que realmente importa de lo que es superfluo. Significa reconocer que muchas de las preocupaciones que nos atormentan provienen de expectativas externas, de miedos injustificados, de vínculos que nos retienen en lugar de hacernos crecer. Eliminar lo innecesario es un acto liberador que nos permite recuperar energía y concentración. Simplificarnos la existencia, tener ideas más claras, relaciones más auténticas y verdaderas, no es tan difícil como parece. No todas las personas que forman parte de nuestra vida nos hacen bien. Algunas relaciones nos enriquecen, nos hacen crecer, nos dan fuerza. Otras nos cargan con dinámicas tóxicas, expectativas irreales. Tener el valor de seleccionar a las personas con las que compartimos nuestro tiempo no es egoísmo, sino una forma de respeto hacia nosotros mismos. Decir “no” es un arte difícil de dominar, sobre todo en una sociedad que nos enseña a complacer a los demás. Y sin embargo, cada vez que decimos “sí” a algo que en realidad no queremos, estamos diciéndonos “no” a nosotros mismos. Aprender a rechazar lo que no nos hace bien es un paso fundamental para vivir con más autenticidad y ligereza. Eliminar todo lo que nos perjudica nos ayuda a tener una mejor calidad de vida. No es necesario revolucionar la propia vida para reencontrar el equilibrio. A veces basta con frenar un poco, concederse momentos de tranquilidad, dedicarse a actividades que nos hacen sentir bien y que, con el tiempo, nos devuelven claridad y paz interior. Simplificar es una elección. Es un compromiso cotidiano de soltar lo que no sirve, de vivir con intención, de encontrar la belleza en la sencillez, con la conciencia de que la verdadera riqueza no está en tener más, sino en tener menos y vivirlo mejor. La próxima vez que se sientan abrumados por el caos de la vida, intenten detenerse un momento y preguntarse: “¿Qué puedo soltar hoy para estar mejor mañana?” La respuesta podría sorprenderlos. Es por esta razón que hoy comparto una receta realmente sencilla pero que gustará a todos, porque también en la cocina nos gusta simplificarnos la vida sin perder el sabor... los BAGELS Ingredientes:
450 g de harina 125 ml de leche tibia 125 ml de agua tibia 1 huevo 40 g de mantequilla blanda 15 g de levadura fresca 1 cucharadita de miel Sal Preparación: ● Prepara una masa lisa y homogénea. Deja leudar hasta que doble su volumen. ● Cuando la masa esté lista, divídela en 6-8 porciones, forma bolitas y hazles un agujero en el centro. Cubre y deja reposar durante 15 minutos. ● Cocina los bagels en una olla con agua hirviendo durante un minuto. Si quieres, puedes añadir una cucharada de bicarbonato, les dará ese sabor especial que tanto nos gusta. ● Ponlos en una bandeja de horno con papel mantequilla, pincélalos con una mezcla de yema de huevo y leche, y espolvorea con semillas de sésamo y amapola al gusto. ● Hornea en horno precalentado a 200 °C durante 15-20 minutos.(tenendo cuidado a no quemarlos en la superficie) Cocinar es mi terapia… y también puede ser la tuya 🙂
No soy pastelera ni chef, nunca he estudiado absolutamente nada de cocina. La cocina es mi herramienta de trabajo… claro, el entorno es un poco diferente al que están acostumbrados cuando piensan en un psicólogo o en una psicoterapia, pero lo que la hace absolutamente única y original son los movimientos emocionales que se crean a través de la cocina terapia, la riqueza de las interacciones humanas, la posibilidad de acceder a la mente y al mundo de las emociones a través de un universo hecho de sensaciones, de olores, de sabores capaces de conectar al paciente con el terapeuta, una sensación con un comportamiento, una expresión del rostro con una emoción. Hoy, la receta de la tarta, no una tarta cualquiera, sino la de la "tranquilidad"… así la llamaba mi hijo cuando era pequeño; pensaba que preparar tartas daba una sensación de tranquilidad, y no se equivocaba. Los niños aprenden a gestionar sus emociones también observando a los adultos; tal vez por eso mi hijo cocina. La cocina es el reino de los sentidos, a través de pequeños gestos surgen pensamientos agradables y positivos que ayudan a la mente a recuperar una sensación de tranquilidad, su centro, su equilibrio. La receta es realmente sencilla pero muy rica, el unico problema es que se acaba rapido Ingredientes para la base: 400 g de harina 200 g de mantequilla 100 g de azúcar glass 4 yemas 1 cucharadita de polvo de hornear Para el relleno: 4 manzanas cortadas en cubitos una nuez de mantequilla 2 cucharadas de azúcar (opcional) canela (yo usé 2 cucharadas) nueces a gusto En un bol grande, vierte la harina, el azúcar y la mantequilla cortada en trocitos, y mezcla con la punta de los dedos hasta obtener una textura arenosa. Luego añade las yemas, la vainilla y el polvo de hornear y amasa rápidamente. Envuelve la masa con film transparente y déjala enfriar en el refrigerador durante al menos media hora. Mientras tanto, prepara el relleno. En una sartén cocina las manzanas en cubitos con una nuez de mantequilla, el azúcar y la canela, durante 10-15 minutos. Pasado el tiempo de reposo, saca la masa del refri y divídela en dos partes, una un poco más grande que la otra. Con un rodillo, estira la parte más grande y forra un molde para tartas. Vierte el relleno de manzana encima. Con la otra parte de la masa, forma tiras y colócalas encima de la tarta cruzándolas. Y ahora si está lista para ir al horno, precalentado a 180 °C, durante 25-30 minutos. Cuando se habla de cocina japonesa, lo primero que viene a la mente de la mayoría de las personas es el sushi: refinado, colorido, minimalista. El sushi se ha convertido en un símbolo global de la gastronomía nipona. Pero limitarse a eso es como pensar que la cocina italiana se reduce solo a la pasta y la pizza. La cocina japonesa es un universo mucho más amplio, sorprendente y profundamente arraigado en la filosofía del equilibrio y la simplicidad. Cada plato es una invitación a desacelerar, a escuchar nuestros sentidos, a nutrir el cuerpo y la mente con respeto y consciencia. Es una invitación a alimentarse de forma más consciente, más sencilla, pero también más profunda. Una de las razones que explican la extraordinaria riqueza de la cocina japonesa es que toda su tradición culinaria gira en torno al umami, el llamado quinto sabor. La palabra umami es un término japonés que significa literalmente “sabroso” o “delicioso”. Es considerado uno de los cinco sabores fundamentales junto al dulce, salado, ácido y amargo. El umami es lo que hace que una sopa de miso sea tan reconfortante, o un caldo de ramen tan envolvente. Es el sabor que amplifica a los demás, aportando equilibrio y profundidad a cada bocado. (Pero de eso hablaremos en otra ocasión...) Durante nuestro viaje a Japón probamos una infinidad de platos exquisitos, delicias que varían de una región a otra. Descubrir la cocina japonesa es abrirse a una nueva sensibilidad, a una nueva forma de cuidado cotidiano. Aprendes que incluso en el plato más simple puede esconderse una forma extraordinaria de equilibrio y bienestar. Entre las maravillas de la cocina japonesa que más me sorprendieron está el pan. Tienen una variedad increíble de panes, que llaman la atención por su suavidad y su sabor delicado. Uno de los más icónicos es el shokupan, el clásico pan de molde japonés, que se ha hecho famosísimo en los últimos meses y es considerado uno de los más esponjosos del mundo. Su textura, increíblemente ligera y aterciopelada, se logra gracias a una técnica llamada yudane o tangzhong, que consiste en cocinar una pequeña parte de la harina con agua o leche antes de incorporarla a la masa. Este método permite retener la humedad, creando una miga muy suave que se conserva fresca por más tiempo. El resultado es un pan delicado, ideal tanto para preparaciones dulces como saladas. El shokupan no solo es suave al tacto y al morderlo: tiene una ligereza que lo hace casi como una nube, pero con estructura. Al tostarlo ligeramente, desarrolla una corteza crujiente que contrasta maravillosamente con el interior mantecoso. Es una experiencia sensorial que habla de cuidado, precisión y amor por los detalles. Este método es ampliamente utilizado en la panadería japonesa y china, y es el secreto detrás de la textura irresistible de sus panes. Una preparación sencillísima con poderes extraordinarios... capaz de transformar tus masas, dulces o saladas, en delicias suaves y delicadas que se mantendrán esponjosas durante mucho más tiempo. PANECILLOS al estilo JAPONÉS Les puedo asegurar que la espera vale la pena. Para preparar estos deliciosos panes al estilo japonés, lo primero que deben hacer es preparar el tangzhong, también conocido como water roux. Paso 1: el tangzhong En un sartén, mezclar 20 g de harina con 100 g de leche y cocinar a fuego medio hasta obtener una consistencia gelatinosa. Verter en un recipiente, cubrir con plástico adherente y dejar enfriar. Paso 2: la masa Mezclar 10 g de levadura seca con 120 g de leche y dejar reposar durante 10 minutos. En un bol, agregar 320 g de harina, una pizca de sal, 50 g de azúcar, 1 huevo, añadir la levadura y el tangzhong, y comenzar a amasar. Finalmente, agregar 40 g de mantequilla blanda. Amasar hasta obtener una masa muy elástica y homogénea (si no tienen batidora amasar al menos durante 15 minutos). Formar una bola con la masa y dejar reposar hasta que duplique su volumen. Paso 3: los panes Cuando la masa esté lista, dividirla en 6 partes iguales. Si prefieren que los panes sean más pequeños, pueden dividirla en 8 partes. Formar los panes y colocarlos en un molde rectangular enmantecado o cubierto con papel de hornear (el que utilicé tiene medidas de 26x15 cm). Dejar reposar nuevamente durante aproximadamente una hora. Paso 4: la cocción… (¡y finalmente estamos listos!)
Precalienten el horno a 180°C. Mezclen una yema de huevo con una cucharada de leche y pincelen los panes. Horneen durante 20-25 minutos, teniendo cuidado de no quemar la superficie. Pueden conservarlo durante varios días a temperatura ambiente, pero, para una conservación más prolongada, pueden cortarlo en rebanadas y congelarlo: será suficiente con calentarlo ligeramente en el horno o en la tostadora para devolverle su fragancia original. A disfrutar!!!! Vivimos en una epoca en la que todo parece tener que ser inmediato, en la que todo corre rápido. Sin embargo, en la cocina (como en la vida) algunas de las mejores cosas necesitan tiempo. Las masas de larga fermentación son un ejemplo perfecto: el arte de saber esperar, de dejar que la naturaleza siga su curso, es un principio fundamental para obtener masas perfectas, suaves y/o fragantes. Cualquiera que haya amasado alguna vez en la vida sabe que no se puede forzar el proceso, no basta con mezclar los ingredientes para obtener un buen pan o una pizza con una consistencia perfecta. El secreto está en saber esperar, una masa que se deja fermentar lentamente adquiere estructura, complejidad y un sabor incomparable. La prisa es enemiga de la perfección: reducir los tiempos significa comprometer el resultado final, la fermentación lenta y controlada es la clave para obtener productos extraordinarios. La maduración de la masa, obtenida con largos tiempos de reposo, no sólo mejora la consistencia sino que enriquece el sabor, dando, por ejemplo, ese inconfundible aroma a pan recién horneado que tanto nos gusta. La fermentación no es sólo un proceso químico, es un ritual que invita a la calma, la observación y la meditación activa. Quienes se dedican a hacer pan aprenden pronto que no se trata sólo de nutrir el cuerpo, sino también el espíritu. Amasar y esperar el momento de hornear se convierte en un ejercicio de paciencia que trae consigo una profunda satisfacción, es una enseñanza que va más allá de cocinar... significa darse el lujo de frenar, de respirar. Nos enseña que las mejores cosas llevan tiempo, que la prisa muchas veces conduce a resultados mediocres, que el valor no está sólo en el resultado, sino también en el proceso y que el placer de crear algo con tus propias manos es insustituible. Ya sea una deliciosa pizza o un proyecto largamente deseado, la paciencia siempre se ve recompensada con el éxito. La próxima vez que prepararán algo que les requiere mucho tiempo y mucha paciencia, intenten pensar en ella de una manera diferente, no como una simple espera sino como una oportunidad, y tal vez descubran que no es sólo el pan a mejorar, sino también su forma de afrontar la vida... La vida es un proceso y la paciencia es parte del camino, hay cosas a las que sólo podemos encontrarle sentido cuando dejamos de “correr” y empezamos a “observar”. Ni siquiera se imaginan la cantidad de recetas que estoy probado, hay muchas formas de preparar una verdadera pizza napoletana en casa, pueden encontrar infinidad de recetas y tutoriales… con 12, 18, incluso 48 horas de fermentación, con fermentación a temperatura ambiente o en el refrigerador, La receta que les propongo hoy requiere 8 horas de fermentación a temperatura ambiente. ¿El resultado? Excelente. Estén atentos porque pronto publicaré la receta de la pizza para los impacientes, para los que están acostumbrados al resultado inmediato, para los que, a pesar de no tener mucho tiempo, les gustaría poder disfrutar de una exquisita pizza italiana hecha en casa.
Paso 1 disolver 2g de levadura en 400g de agua y añadir poco a poco 600g de harina de fuerza y sal (yo uso la harina Caputo, que debo decir que es realmente buena, pueden encontrarla en muchas tiendas en Santiago que hacen entrega a otras regiones tambien). Cuando hayan incorporado toda la harina, poner la masa en una mesa de trabajo y amasar unos minutos más, tapar con un paño húmedo y dejar reposar veinte minutos. Repetir esta operación 2 veces más. No será necesario amasar mucho, a medida que lo vayan amasando se darán cuenta que cada vez se pondrá más elástico, esto significa que la malla de gluten se está formando correctamente. Déjar reposar en un recipiente hermético durante 4 horas. Paso 2 Cuando la masa estará lista dividirla en 4 partes iguales, formar unas bolitas procurando cerrar bien la parte de abajo y dejar reposar nuevamente, en contenedor hermetico durante 4 horas mas. Paso 3 Calentar el horno a temperatura máxima, estirar la pizza, rellenarla y hornearla sobre una piedra refractaria muy caliente, si no tienen la piedra pueden usar la placa del horno al revés (aunque todavía tengo que entender por qué recomiendan ponerla al revés) esta también debe estar bien caliente. Le puedo asegurar que la espera vale totalmente la pena. |
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